Rose 31 nace con una idea clara: convertir la rosa, símbolo clásico de feminidad, en una fragancia de actitud marcada, moderna y perfectamente llevable por cualquier género. La composición juega con contrastes: pétalos de rosa, especias cálidas, maderas secas y un fondo almizclado que aporta profundidad y un punto casi animal, creando un perfume intrigante y magnético.
La salida sorprende con una mezcla de rosa y comino. La rosa se percibe seca, elegante, nada empalagosa, mientras que el comino aporta un matiz especiado, cálido y ligeramente piel, que da desde el primer momento esa sensación de perfume con mucha personalidad. No es una rosa romántica ni frutal; es una rosa adulta, con borde.
En el corazón, la rosa se entrelaza con vetiver y cedro, construyendo un acorde floral-amaderado sofisticado, donde aparecen matices terrosos y ahumados. El vetiver aporta textura seca y elegante, mientras que el cedro refuerza la sensación de madera limpia y estructurada, alejando aún más la fragancia de la idea de un simple perfume de rosa.
El fondo profundiza con almizcle, madera de gaiac, oud, incienso de olíbano y ládano, ingredientes que suman calidez resinoso-ahumada, un ligero toque animal y una estela envolvente y muy sensual. Esta base oscura y cremosa sostiene la rosa durante horas, logrando una evolución rica pero coherente, con una firma olfativa que se queda en la memoria.
Rose 31 es ideal para quienes buscan una fragancia distinta, de nicho, que se salga de lo esperado en un perfume floral. Funciona muy bien en entornos urbanos, en oficina (con aplicación moderada) y brilla especialmente en citas, cenas y noches donde se quiere proyectar carácter, elegancia y un punto misterioso. Gracias a su perfil amaderado-especiado, rinde especialmente bien en otoño, invierno y noches de primavera o verano más frescas.